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Los tres pasos decisivos de Hermann Hesse

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En un día como hoy, un 2 de julio, nació el escritor alemán Hermann Hesse. Su infancia y adolescencia fueron muy difíciles, con violentos conflictos con sus padres e incluso una tentativa de suicidio que le llevó a estar internado durante largas temporadas. Trabajó como librero varios años y su vida social era tan escasa que cuando terminaba su jornada laboral se quedaba en la librería porque no tenía otra cosa que hacer. Así que leía y leía. Y en 1946 ganó el premio Nobel de Literatura.

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Pero esto no fue ni rápido ni fácil. Por el camino, Hesse vivió dos guerras mundiales, sobrellevó como pudo su delicada salud, padeció la enfermedad de su hijo y la esquizofrenia de su mujer. No es de extrañar que Hesse recurriera a la psicoterapia para sobrellevar estas situaciones.

Así es como la psicología y la filosofía, la dificultad de las relaciones sociales y el misticismo empaparon su obra y se volvieron su seña de identidad. A la mitad de su larga carrera, en un periodo concreto de ocho años publicó justamente sus tres grandes obras, de forma consecutiva, y que hoy son las más conocidas y reconocidas. Fueron sus tres pasos decisivos: Demian (1919), Siddhartha (1922) y El lobo estepario (1927).

Demian: Historia de la juventud de Emil Sinclair

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Demian fue publicada justo al terminar la Primera Guerra Mundial, donde Alemania, el país de Hesse, había sido uno de los principales contendientes y había salido perdiendo. Rápidamente se convirtió en un éxito, especialmente entre la juventud, tan desorientada y aturdida tras la guerra.

Es impresionante como una novela tan cortita, que no llega a las doscientas páginas y cuya lectura es muy amena, puede tener un transfondo filosófico tan potente. Este emerge a la superficie y se convierte en el eje principal de la historia. El psiquiatra Jung hablaba del concepto de «la sombra” (ese “lado oscuro” que todos tenemos) y Hesse juega mucho con esta idea en Demian.

«En este momento se estableció de nuevo contacto entre Demian y yo. Y es curioso: apenas surgió en el alma aquella sensación de concordancia con él, se reflejó también, como por arte de magia, en el espacio. No sé silo consiguió él o si fue pura casualidad; yo entonces creía firmemente en las casualidades. A los pocos días, Demian había cambiado de sitio y vino a sentarse delante de mí durante las clases de religión. (Aún recuerdo con qué placer aspiraba yo, en el aire viciado de hospicio de aquella aula repleta, el perfume fresco y suave de jabón que exhalaba su nuca.) Y unos días después volvió a cambiar de lugar y se sentó junto a mí, y allí permaneció durante todo el invierno y la primavera.»

Demian, Hermann Hesse

Este libro tiene dos partes muy diferenciadas. La primera cubre en realidad el 70%-80% del libro, describiendo cómo el joven Sinclair abandona su mundo de seguridad y cómo conoce a Demian, la fascinación que siente por él y las explicaciones oscuras que van surgiendo a su alrededor.

Después, en ese final del libro que considero la segunda parte, la historia toma un cáriz casi fantástico y el desenlace puede resultar algo flojo, pues prioriza la reflexión por encima de la historia que nos venía contando.

Se trata de una obra que merece una segunda relectura para, una vez conocida la historia, poder realizar un análisis más en profundidad de su significado.

Siddhartha

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Herman Hesse viajó a Sri Lanka e Indonesia buscando una inspiración espiritual que, según dijo, no encontró. Pero la realidad es que su novela Siddharta vería la luz años después con una influencia oriental más que evidente.

Siddhartha es un joven hindú, hijo de un sacerdote brahmán, que decide recorrer el país y buscar la Sabiduría con mayúsculas. En su periplo espiritual se unirá primero a unos ascetas, cuya vida es ayunar, meditar y esperar, conocerá a una mujer, tendrá un hijo, convivirá (y sufrirá) con este y, eventualmente, se cruzará con Buda.

Buda, el fundador de budismo, se llamaba en realidad Siddhartha Gautama (400 ó 500 a.C.), y fue tras alcanzar la ilumnación que se hizo llamar Buda “el que está despierto”. Es, por tanto, muy curioso que en la novela de Hesse se haga esta separación: Siddharta parece ser Siddhartha Gautama en muchos momentos… ¡salvo que se encuentra con Buda (con él mismo) en un momento de la historia!

«El Buda siguió su camino, humilde, abismado en sus pensamientos. Su rostro no era ni alegre ni triste, y parecía que les sonreía. Sonreía con una sonrisa velada, tranquila, silenciosa, semejante a la de un niño sano. Caminaba, llevaba el capillo y echaba el paso como todos sus monjes, como estaba prescrito. Pero su rostro y su paso, su mirada baja, su mano caída, y sobre todo los dedos de aquella mano caída, hablaban de paz, hablaban de perfección, no buscaba nada, no anhelaba nada, respiraba suavemente en una inmarchitable paz, en una inmarchitable luz, en una intangible paz.»

Siddhartha, Herman Hesse

El lobo estepario

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En 1927 se publica “El lobo estepario” que es en un reflejo de la gran crisis espiritual de Hesse. El protagonista, Harry Haller (cuyas iniciales «casualmente» coinciden con las del autor), es un hombre culto y muy reservado, dividido entre su humanidad y su apariencia huraña, su agresividad y su desarraigo, su incapacidad de disfrutar con las cosas que disfruta la gente ordinaria.

Aunque hacia el final del libro aparecen ciertos elementos fantásticos, como ocurría en Demian, es difícil no pensar que esta obra tiene mucho de autobiográfico.

«Y así sucumbió el lobo estepario en su independencia. Alcanzó su objetivo, fue cada vez más independiente, nadie tenía nada que ordenarle, a nadie tenía que ajustar sus actos, sólo y libremente determinaba él a su antojo lo que había de hacer y lo que había de dejar. Pues todo hombre fuerte alcanza indefectiblemente aquello que va buscando con verdadero ahínco. Pero en medio de la libertad lograda se dio bien pronto cuenta Harry de que esa su independencia era una muerte, que estaba solo, que el mundo lo abandonaba de un modo siniestro, que los hombres no le importaban nada; es más, que él mismo a sí tampoco, que lentamente iba ahogándose en una atmósfera cada vez más tenue de falta de trato y de aislamiento. Porque ya resultaba que la soledad y la independencia no eran su afán y su objetivo, eran su destino y su condenación, que su mágico deseo se había cumplido y ya no era posible retirarlo, que ya no servía de nada extender los brazos abiertos lleno de nostalgia y con el corazón henchido de buena voluntad, brindando solidaridad y unión; ahora lo dejaban solo.»

El lobo estepario, Herman Hesse

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¿Habéis leído alguna de estas obras de Herman Hesse? ¿Qué pensáis sobre ellas?

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