Vida

Jóvenes y agotados

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Un ser despreciable y horrible

Hace un par de semanas me pasó algo que me gustaría poner sobre la mesa, algo que se quedó enquistado en mi cabeza, pinchándome más a menudo de lo que me gustaría, como esa uña a la que alguna vez -inexplicablemente- le da por crecer contra la carne.

Antes de que me veáis como un ser despreciable y horrible, alegaré en mi defensa que aquel día estaba agotado: llevaba toda la semana levantándome a las seis y, como siempre, desplazándome algo más de un hora en trasporte público para llegar a mi trabajo a las afueras de Madrid, pasando nueve horas delante de un ordenador, y luego otra hora y algo para regresar a casa, cuando ya era de noche. Además, en mi tiempo libre estaba trabajando en la maquetación y reedición de La flor más oscura, en la construcción de esta web y en la presentación de un proyecto literario para una beca. Y todo a contrarreloj.

Pues bien, aquel día me senté en el autobús justo detrás de dos asientos reservados, que estaban ocupados por un par de prepúberes, porque aunque pasara el día sentado –o quizá precisamente por eso-, sentía las piernas cansadas.

Los asientos verdes están reservados explícitamente,
mientras que los azules son «normales»

 

En seguida se fue llenando el autobús y un grupito de tres o cuatro jubiladas muy peripuestas se quedaron de pie, mirando con ojos recelosos los asientos reservados que, supongo, estaban ya acostumbradas a ver como su tesoro.

Yo iba leyendo, cargando con un maletín y la bolsita con mis tuppers del almuerzo, y lo diré con claridad meridiana: estaba reventado y no me apetecía una mierda ceder mi asiento e ir de pie (aún me quedaba una buena parte de mi trayecto). Y mucho menos si había asientos reservados ocupados indebidamente.

Las señoras se quedaron junto a mí refunfuñando y diciendo “se hacen los despistados”, “seremos viejas pero no tontas”, etc, lo cual no sólo rompió mi concentración en la lectura sino que además me cabreó bastante porque lo tomé como una alusión directa hacia mí.

Lo peor de todo es que tampoco ellas se dirigieron en ningún momento a los muchachos (ni a mí) ni les pidieron o preguntaron por favor si les podían ceder el asiento al que tenían derecho. En su lugar estuvieron quejándose con indirectas en voz alta entre ellas, hasta que se bajaron (apenas 5 minutos después, por cierto).

Sí, soy consciente de que la buena educación debería salir de uno mismo. Pero curiosamente, creo que si hubiera visto a una mujer embarazada o si estas mujeres me hubieran parecido mínimamente afables, les hubiera cedido el asiento sin problema.

En fin, que ahí terminó la historia. Sí, ahí.

Puede que os parezca un evento completamente intrascendente, pero siguió dando vueltas en mi cabeza… Y no me refiero al tema de ser educado y ceder el asiento en el transporte público, no. Me refiero a ese agotamiento que llevo encima y creo que es común a muchos otros treintañeros…

 

Quizás no estoy solo

Y como si los astros se hubieran alineado, esa misma semana el humorista Berto Romero, en su sección del programa Late Motiv de Buenafuente hizo esta brillante reflexión sobre las décadas de la vida y la necesidad de dormir:

En resumen, que la necesidad imperante de dormir y su ausencia se iban alternando a lo largo de la vida según las distintas décadas:
– de 0-9 años: Salvando la época de bebé, duermes poco. Por ejemplo, no tienes problema para madrugar cualquier día sólo para ver dibujos animados en la tele.
– de 10-19 años: Tienes más pereza en el cuerpo y aprovechas los fines de semana para levantarte muy tarde, hasta que tu madre te saca de la cama.
– de 20-29 años: No necesitas dormir tanto, puedes estar varios días seguidos de fiesta sin apenas dormir.
– de 30-39 años: Necesidades extremas de sueño. Creo que estoy aquí y apenas empezando…
de 40-49 años: Necesidad baja de dormir. ¿Será cierto? ¿Hay, entonces, esperanzas? ¿Mejorarán mis energías a los 40?

No es más que una teoría en clave de humor, ¿pero a vosotros os cuadra? ¿Encaja con vuestras vidas?

 

Retrato robot de un agotado

Y es que si trabajas a tiempo completo en una gran ciudad donde estás obligado a realizar largos desplazamientos, y además vives solo y estás obligado a encargarte de unas mínimas tareas domésticas, poco tiempo libre te queda al final del día, y menos aún tiempo libre con algo de energía en el cuerpo. Seguro que no duermes ocho horas al día, ni siquiera siete.

Probablemente te quede el tiempo justo para dedicárselo a tu pareja, familia, amigos, y con suerte a realizar alguna actividad física.

Sin embargo, en mi caso me resulta especialmente desesperante, porque quiero ir un poco más allá. Desearía contar con un par de horas más cada día, tiempo que invertiría en escribir, aunque para eso necesito, además de energía, tranquilidad… Y saber que en los días venideros tendré también tiempo para darle seguimiento, de lo contrario, perderé el hilo de lo que estaba desarrollando.

 

Longevidad versus vitalidad

La fuente de la eterna juventud, el elixir de la vida, un pacto con el Diablo… este sueño fantástico propio de leyendas, de vivir eternamente o ser siempre jóvenes, no parece tan irreal gracias al avance inexorable de la ciencia. Para muestra un botón: hace unas semanas se anunciaba que España se ha convertido en el segundo país con mayor esperanza de vida, sólo superado por Japón.

Sin duda, la idea de vivir más años y con más salud, es interesante. Pero deberíamos preguntarnos si no estamos visualizando, junto a esta quimera, un mundo igualmente irreal. Es decir, puede que de forma inconsciente, estemos queriendo vivir más, porque el ritmo actual nos devora, porque el tiempo no cunde, y estamos siempre esperando un momento donde poder detenernos y disfrutar plenamente.

Por ejemplo, si vivir doscientos años, se convirtiera en algo habitual, probablemente acabaríamos trabajando hasta los ciento setenta, levantándonos con ese despertador que suena a las siete de la mañana día tras día durante más de un siglo, corriendo para llegar a nuestro trabajo precario porque tenemos por delante más de una hora de trayecto. En fin, repitiendo horribles rutinas día tras días, durante demasiadas décadas. Siento sonar tan pesimista, pero no veo la utopía por ninguna parte.

Pero no me malinterpreteis, por supuesto que necesitaré que la ciencia me arregle la cadera, que me opere las cataratas, y que me ponga un marcapasos -¡bendita ciencia!-. Pero lo que sería de verdad estupendo es que alguien se preocupara de que tuviéramos medios y tiempo libre, y que estos simples mortales, pudiéramos disfrutar, vivir con mayúsculas, los años actuales… por pocos que sean.

 

¿Y a vosotros? ¿Os cunde el tiempo, o siempre andáis escasos y tenéis que sacrificar actividades que os gustaría realizar? ¿Y siempre siempre SIEMPRE cedéis/cederíais vuestro asiento en el transporte público, o hay alguna vez habéis bajado la cabeza pensando «lo siento, pero hoy no»? ¡Sed sinceros!

8 comentarios en “Jóvenes y agotados

  1. ¡Hola! Confieso que alguna vez tampoco he ofrecido mi asiento a una persona mayor. Muchas veces voy tan enfrascada en la lectura que creo un mundo alrededor mío y ya no existe nada más (incluso me he pasado de parada más de una vez…)
    En cuanto a dormir , ¿qué es eso? Creo que según vamos cumpliendo años necesitamos más horas al día para poder hacer todo lo que queremos. Tampoco puedo leer o escribir todo lo que me gustaría incluyendo dormir porque con un niño de dos años es bastante complicado.
    Hay que disfrutar de los pequeños momentos libres. 😊

    1. Sí, de momento lo veo como tú (¡y eso que no tengo a nadie a mi cargo!): cada vez queremos abarcar más y necesitamos más tiempo, qué locura, ¿no? Creo que hay que ser menos autoexigentes para poder -como bien dices- disfrutar de los pequeños momentos. ¡Gracias por comentar!

  2. Sobre las décadas de la vida, ¡OLVÍDALO!, a partir de los 40, ya te lo digo yo, no es que «tengas necesidad baja de dormir», ¡eso es mentira! Lo que pasa es que no encuentras el momento de poder hacerlo. Las últimas tareas del día las hago arrastrándome y golpeándome contra las puertas intentando mantener los pápados subidos mientras finjo escuchar a alguno de mis hijos cuando me están repitiendo una y otra vez la misma lección para el examen de mañana. Y no solo termino el día de esta guisa. Yo ya no tengo sueños reparadores en los que te levantas llena de energía. Me levanto agotada, contracturada, con dolor de piernas, con dolor de mandíbula de haber estado apretando la dentadura (toda mía, de momento), ojerosa, demacrada y ya cuando me miro al espejo y veo lo que veo me digo en algo a mí misma: ¿pero y tú qué haces en mi casa?
    Mi retrato robot podría ser parecido al tuyo pero sumando 2 hijos que te chupan la poca sangre que te queda al final del día. Así que entiendo perfectamente lo de tu desesperación y falta de tiempo. Es frustrante marcarte objetivos y no llegar a cumplirlos, día tras día, porque le faltan 5 horas al día.
    Respecto a lo del autobús, jamás he bajado la cabeza (siento si te creo más cargo de conciencia). Siempre voy atenta porque sean como sean esas señoras, y estés lo cansado que estés, creo que, en cualquier caso, lo necesitan más que nosotros…¡nos sacan más de 25 años!, tienen menos estabilidad y lo más importante, seguro que nos lo agradecen con una sonrisa o les hacemos sentir que alguien ajeno se preocupa. No podemos cerrar los ojos, Daniel, por muy cansados que estemos. A mí, no me cedieron el asiento hasta que llevaba 8 meses de embarazo ¿de verdad que la gente pensaba que mi estado normal de tripa era esa!!??? No, simplemente no miraban a su alrededor, no se fijaban en el de al lado. Yo soy de las que me levanto y cedo y si, estando de pie, veo que entra alguna persona mayor, embarazada, etc. y están los asientos especiales ocupados, digo en alto dirigiéndome a esa persona: «Perdona, es que estás en un asiento especial y hay una embarazada…..».
    Y es que, mi querido Daniel, lo que tiene pasar de los 40, es que ya callas cada vez menos…

    1. ¡Vaya! Guardaba todas mía esperanzas de paz y tranquilidad para los 40 (donde milagrosamente sucedería algo que arreglara todos mis problemas de tiempo), pero ya veo que puede que no sea así… Ouch!! :-/
      Y sí, tienes razón con lo de ceder el asiento, que conste que yo lo hago cuando es evidente que la persona lo necesita (embarazadas, muletas, ancianas torpes), pero no sé este episodio fue algo especial… Por eso quise ponerlo sobre la mesa.
      Gracias por comentar y ánimo con todo, Susana!!!

    1. – Susana, con lo que tú repasas lo escrito y con lo que tú eres con este tipo de cosas ¿has puesto tilde en «Deja» o es un rayajo en la pantalla del móvil?
      -Déja(me) ver. Es un rayajo en la pantalla del móvil, of course.

  3. Creo que no tienes porque sentirte mal por ceder a esas mujeres el asiente. En mi pueblo las (personas mayores) en muchas ocasiones aprovechan su edad para no respetar el turno en la frutería, para que se les ceda el asiento, incluso para soltar lo primero que les venga a la Cabeza, sin darse cuenta de si sanan o matan. Suelo pensar que, en el fondo, no son así. Que es porque son mayores y ya la cabeza no está como antes. Veo que esto se hace extensible a más lugares del Planeta Tierra. ¿Vivir más años? ¿A costa de que? De que acabe con un Alzheimer, los huesos doloridos, falta de movilidad y un sin fin de cosas. Si quiero vivir más, claro. Pero con calidad de vida y poder disfrutar. (No me hagas mucho caso soy auxiliar de enfermería en una residencia. Creo que con esto he dicho todo. Sobre si el tiempo cunde…… Creo que si el día tuviera más horas estaríamos igual de agobiados. Hace poco tuve un pequeño ataque de ansiedad por eso, por tener tantas cosas que hacer…. Y no llegar a todo. Así que con este tren de vida….. Llegaremos a refunfuñar en un transporte público porque no nos han cedido el asiento? Tenemos que intentar tomarnos la vida con más calma y poder disfrutar un poco de las cosas, no todo son obligaciones, no?

    1. ¡Gracias por tu aporte, Nagore! Sí, yo también pienso que desafortunadamente hay gente que se «aprovecha» un poco de ese estatus que es ser mayor, aunque suena feo decirlo. Pero quiero pensar que son una minoría. Como digo, en este caso no eran precisamente personas de aspecto frágil o cansado…
      En cuanto al tiempo disponible, tienes razón, deberíamos poder/saber vivir con más calma, pero cuesta muchísimo cuando llevas un tiempo con el turbo puesto y todo parece importante y urgente. Espero que poco a poco… 🙂

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