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La fortuna del escritor

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En España ser un escritor reconocido no significa poder vivir exclusivamente de la venta de libros.

Por eso, a estas alturas de la vida me sorprende que aún haya gente tan ingenua como para pensar que cualquier escritor medianamente conocido tiene una cierta fortuna en el banco. ¡Como si vender libros diera dinero! ¡Como si todos los escritores fueran J. K. Rowling!

Me refiero, por ejemplo, a la persona que escribía este tuit sobre la escritora Lucía Etxebarría (“Beatriz y los cuerpos celestes”, “De todo lo visible y lo invisible”, “Un milagro en equilibrio”), que participaba en ese momento en un concurso de televisión de baja estofa:

Cierto que Lucía Etxebarria ganó en 2004 el suculento premio Planeta (el que tiene una mayor dotación económica en España: 600.000€), pero eso fue hace 14 años. De hecho, que se dedique a aparecer en programas de televisión faranduleros me parece la confirmación más rotunda de que sus ingresos literarios no deben ser muy boyantes.

Otro ejemplo sucedía cuando el súper ventas internacional Juan Gómez-Jurado (“El paciente”, “Cicatriz”) comentaba abiertamente lo que gana un escritor por cada libro vendido:

Había un tuitero que no se lo creía, que estaba convencido de que ahí faltaba dinero, que además de las regalías por cada libro vendido tenía que haber un sustancioso pago inicial por el mero hecho de haber escrito un libro…

¿¿Cómo que el escritor sólo se lleva esas migajas de la tarta?? ¿Acaso no acuden todos en sus Lamborghini a las bacanales de la jet set cultural? ¿Dónde están entonces las fortunas de los escritores?

Para poder responder a todas estas preguntas, lo primero es saber cómo funciona la industria.

 

¿Cómo funciona el mercado editorial?

Antes de nada, entendamos cómo funciona este sector, porque el escritor, pese a ser quien crea el “producto”, es sólo una parte de una larga cadena necesaria para que su obra maestra llegue a las manos de un lector.

Pensemos, por ejemplo, en Pepe. Pepe es auxiliar administrativo en una gestoría de Ciudad Real a quien desde siempre le ha gustado leer y escribir. Tiene en la cabeza una aventura fabulosa, ha empleado mucho tiempo en pensar qué quiere contar y de qué forma hacerlo, qué sucederá a lo largo de su historia y desde qué punto de vista lo contará. Por supuesto, también se ha documentado sobre la época histórica en que transcurrirá su novela leyendo otros libros y ensayos y viendo documentales y películas.

Pepe se sienta cada noche después de cenar, que es cuando tiene un poco de tiempo libre, y mes tras mes su documento word va creciendo. Aunque a veces borra páginas enteras porque no le gusta lo que ha escrito o siente que esa última escena no pega en la historia. Ha corregido mucho el texto y aún así, el día que escriba el punto final, se le habrá colado alguna errata, incluso alguna falta de ortografía y frases que rechinan.

Tras pasar un año trabajando prácticamente cada noche, Pepe por fin ha terminado su obra y la ha mandado a la editorial, que se ha interesado por su proyecto. Su sueño de publicar se ha cumplido. Ya se ve conduciendo el Lamborghini.

Hoy tú acabas de comprar su libro, por 10,40€. Y te preguntas: “¿a dónde va exactamente mi dinero?, ¿lo gastará Pepe con cuidado o lo derrochará en alcohol y chicas malas?”.

a) Impuestos: 0,40€

Bueno, pues los primeros 40 centimillos, un 4%, corresponden al IVA y son para el Estado, porque a todos nos gusta que cuando nos ponemos enfermos haya un médico siempre disponible para atendernos, o un equipo de bomberos preprado si ocurre alguna desgracia, o un colegio donde los niños puedan estudiar sin importar si su familia tiene dinero o no. Y todo eso hay que pagarlo.

Vale, vale, a lo importante, ¿quién se lleva esos 10€ restantes?

b) Editorial: 3€

La editorial recibió el manuscrito de Pepe, le gustó su idea y su estilo, y decidió arriesgar una cantidad de dinero determinada porque consideró que podía sacar un beneficio comercializando la historia de Pepe. En eso consiste su negocio, en “cazar” ideas que puedan funcionar.

Para ello, empleará a un corrector profesional (que cobra un sueldo) para corregir el texto una vez más y a un diseñador (que también come cada día) para que haga una portada chula que llame la atención (quizá incluso tenga que pagar los derechos de alguna imagen de archivo). También mandará imprimir, por ejemplo, una tirada de 1000 libros (que tiene que pagar a la imprenta sí o sí, sin saber aún si se venderán o no, por eso una editorial seria arriesga dinero).

Se llevará un 25-35% de cada libro vendido y con ese dinero espera poder pagar a todos los elementos de la cadena, recuperar el dinero invertido y sacar un beneficio.

c) Distribuidor: 3€

La editorial necesita que alguien reparta los libros impresos desde la imprenta a todas las librerías del país. O bueno, al menos a las más especializadas o más grandes de cada ciudad, dependiendo de lo que dé de sí la tirada.

Ese alguien es la distribuidora, que se lleva aproximadamente un 30-35% de cada libro.

d) Librero: 3€

El librero es un romántico, pero tiene un espacio comercial en una calle transitada y un almacén que tiene que pagar mensualmente, además tiene el vicio de comer caliente cada día. Abre diez horas al día, tiene un empleado que le ayuda, hace valiosas recomendaciones a sus clientes y su catálogo de cientos de libros disponibles (intenta tener lo que la gente le pide, como el libro de Pepe) ocupa un espacio importante.

Se lleva aproximadamente un 30-35% de cada libro vendido.

¿Ya vais sospechando dónde puede estar el Lamborghini?

e) Autor: 1€

Así es, el Lamborghini de Pepe sigue en el concesionario.

Después de un año de promoción en redes sociales, un par de presentaciones, alguna entrevista en medios digitales y mucho boca a boca, se han agotado los mil ejemplares de la primera edición y Pepe ha ganado 1000€, porque se lleva un 10% de cada libro vendido.

Ése es el pago a todas sus horas nocturnas de trabajo frente a su ordenador. Si hubiera dedicado ese mismo tiempo a trabajar poniendo copas en un bar, probablemente hubiera ganado más dinero.

Para ganar, por ejemplo, el salario mínimo anual (aproximadamente unos 10.000€ a día de hoy en España), abandonar su trabajo en la gestoría y así dedicarse por entero a la literatura, Pepe tendría que vender 10.000 libros en un año. Y, creedme, esos son muchísimos libros.

Hay mucha opacidad en cuanto al volumen de ventas de un libro, ¿sabéis por qué? Porque por lo general son cifras regulares o malas, que no impresionan. Si quieres saber más del tema, puedes leer esta noticia:

cuantos libros se venden en españa cuanto gana un escritor

o esta otra:

escritores ricos cuanto paga una editorial

Yo me quedo en concreto con este fragmento revelador:

“Los autores más jóvenes, es decir, aquellos nacidos a partir de 1980, venden, según datos del Nielsen [firma privada de medición contratada por las grandes editoriales], una media de 300 ejemplares, independientemente de que su editorial forme parte de un gran grupo o no.”

Es decir, que he sido más que generoso atribuyendo unas ventas de mil ejemplares a nuestro amigo Pepe.

CONCLUSIÓN: en España se vende poco y se gana todavía menos.

 

¿Es la autopublicación el camino al Lamborghini?

Es normal que cada vez más escritores primerizos opten por autopublicarse, no sólo porque acceder a una gran editorial es casi imposible: cuando mandas un manuscrito pueden pasar meses hasta que recibes una respuesta, si tienes la suerte de recibir alguna respuesta.

Y por supuesto, al autopublicarse, el autor controla todo el proceso, está seguro de lo que vende y, sobre todo, aumenta su margen de beneficio.

Por ejemplo, cuando mi novela “La flor más oscura” estaba publicada con Odisea Editorial (¿recordáis que fue un proceso traumático? Lo conté todo en este post), ellos la vendían a 14,85€ y yo me llevaba el porcentaje típico, un 10%. Ahora, en Kindle Direct Publishing, la plataforma de Amazon con la que reedité mi novela, está a 11,85€ (aquí) y mis regalías son aproximadamente un 30%, algo más de tres euros.

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El resultado, en definitiva, es que la novela está más barata para mis lectores y yo gano más por cada ejemplar vendido.

Pero esto tiene también sus inconvenientes. De hecho, tiene muchísimos inconvenientes: mi libro no está en Casa del Libro o Fnac (donde mucha gente podría descubrirlo simplemente curioseando mesas y estanterías), sólo está en la librería Berkana de Madrid (especializada LGTB) porque soy yo quien lo ha llevado hasta allí personalmente, tengo que preocuparme yo solo de toda la promoción, y si al menos tengo una portada chula es porque Jonatan Baluja se encargó de su diseño y su maquetación.

Es decir, aunque publicar a través de una editorial tradicional disminuye las regalías por ejemplar, creo que aún así compensa porque permite vender más, y sobre todo, porque le quita muchísimo trabajo al autor.

 

Las excepciones: los casos de éxito

Evidentemente, hay varias excepciones en la industria que podemos contar con los dedos de las manos, por eso es absurdo pensar que la situación de una veintena de autores afortunados es extrapolable al resto del gremio.

Estos son escritores que cuyos trabajos se han traducido a varios idiomas y venden en cuarenta o cincuenta países. Es decir, a pesar de que tengan un margen de beneficio pequeño (ese famoso 10%), al tener un mercado tan grande, de varios países, las regalías comienzan a ser cuantiosas. Imagínate si, además, se realiza una adaptación cinematográfica de alguno de sus libros.

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Mencionaba al principio de este post a J. K. Rowling, que es uno de los casos más evidentes: imagínate, los millones de fans de Harry Potter en todo el mundo que le han comprado no 1 sino 7 libros (o más). Y en cuestión de derechos, ella habrá recibido un buen cheque de la productora por cada una de las películas. Otro caso podría ser el de Stephen King, que lleva más de cuatro décadas sacando una nueva novela cada año… ¡a veces incluso dos! También se han hecho montones de películas de sus libros, pero estoy seguro de que sus ingresos exclusivamente literarios bastarían para mantenerle: porque ser fan de Stephen King (y hay muchos en todo el mundo) implica comprarle decenas de libros.

En el paronama nacional también hay excepciones afortunadas. Por lo general no se trata de los grandes académicos de las Letras sino de gente tan diversa como Megan Maxwell (una señora de Madrid que ha vendido 2 millones de libros de género romántico y ha sido traducida a 10 idiomas) o como el propio Juan Gómez-Jurado que mencionaba al comienzo del post: él mismo afirmó haber vendido 6 millones de libros en esta entrevista:

 

Como veis, la literatura, al igual que casi toda la cultura, es un negocio bastante ruinoso en general para los creadores (salvo muy contadas excepciones), donde echar horas y esfuerzo rara vez implica una compensación económica a la altura.

A partir de ahora podéis poner en entredicho la supuesta riqueza de un escritor que sólo sea conocido por escribir y entenderéis que cuando hablemos de la “fortuna” del escritor no nos referiremos al dinero… sino a las bondades de este oficio maravilloso que es crear historias de la nada para después compartirlas con los demás, sin esperar nada a cambio. O como mucho, un euro.

4 comentarios en “La fortuna del escritor

  1. ¡Hola!
    Me ha parecido muy interesante, sabía que el autor se llevaba bastante poco a la hora de publicar con una editorial, lo que no entendía era a donde iba a parar el resto del dinero.
    Hay veces que la satisfacción personal por ver algo tan tuyo pueda estar al alcance de otras personas a pesar de que no ganarás mucho compensa. Podría ser mejor, sí, pero hay que mirar lo positivo 😉😊

    1. Sí, es una satisfacción increíble conseguir terminar una obra… y ya verla publicada, tenerlo en tus manos, ¡es la leche! Aunque el beneficio económico es pequeño, el emocional es enorme 😉

  2. En fin, muy desesperanzador, ¿verdad? :(…Menos mal que para muchos escritores, literalmente, es escribir por amor al arte en donde la única recompensa es el reconocimiento de unos pocos y saber, en tu interior, que has hecho un buen trabajo en el que has invertido muuuuucho tiempo. Todo este proceso y el estado actual de la literatura no es más que un reflejo de la involución de esta sociedad. Cabrea. Irrita. Entristece. Sulfura. Embravece. Acongoja. Desconsuela.
    ¡Bah!, ¿y quién quiere un Lamborghini? 😛

    1. Pues sí, es bastante desesperanzador. Tengo claro que nadie que escriba ficción lo hace pensando en una compensación económica (y si lo hace, pobre de él), pero bueno, como que uno trabajaría más alegre sabiendo que tantas horas invertidas y sacrificios pueden tener una recompensa material, ¿no? 😛
      Y oye, quien dice un Lamborghini, dice una semana de vacaciones en Canarias xD

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