Literatura

Disfrutando del peor de los futuros

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“¿Cómo te ves dentro de 10 años?”

Una vez leí que todo el  mundo responde a este tipo de preguntas con cierto optimismo (o quizás sea esperanza), dibujando en sus respuestas un futuro que siempre mejora su situación actual. Nos vemos con más estabilidad laboral, superando los problemas que nos agobian hoy día, etc. Nadie suele decir que dentro de unos años estará peor que hoy, a sabiendas que, desgraciadamente, existe la posibilidad.

Pero hagamos un ejercicio de imaginación: imaginemos que el mundo, de forma global, fuera a peor. Estoy seguro que haciéndolo así, de forma consciente, eres capaz de ver decenas de desgracias factibles: guerras mundiales, terrorismo descontrolado, democracias convertidas en dictaduras, privación de derechos fundamentales, gobiernos espiando a sus ciudadanos, catástrofes naturales como nunca se habían visto culpa del calentamiento global, etc. Estaríamos tejiendo así, en nuestra cabeza, los primeros mimbres de una sociedad distópica imaginaria.

Pues bien, cuando hablamos de novela distópica nos referimos a precisamente una novela cuyos personajes viven en una sociedad de este tipo, cuya acción transcurre en una “distopía”, es decir, lo opuesto a la utopía. Si la utopía es la representación que hacemos de una sociedad futura en que todos los seres humanos viven en felicidad y armonía, la distopía sería todo lo contrario: una sociedad articulada de forma cruel, deshumanizada, totalitaria.

No en vano los primeros ejemplos de este género  —o sub-género, puesto que a menudo caminan sobre el campo de la ciencia ficción o el thriller— aparecieron a principios del siglo XX, coincidiendo con el advenimiento de regímenes totalitarios, que hacían presagiar el infierno en que podían convertirse las vidas de los ciudadanos.

Este género, que nos permite disfrutar de los peores futuros imaginables, tuvo tan buena acogida que llegó para quedarse. Podemos mencionar historias como El cuento de la criada, que fue publicado en 1985 (¡hace más de treinta años!) y convertido en producto de masas recientemente gracias a la serie de Hulu/HBO protagonizada por Elisabeth Moss. Otras distopías que triunfaron en los libros más recientemente y que después han sido llevadas a la gran pantalla son Los juegos del hambre (Suzanne Collins, 2008) o El corredor del laberinto (James Dashner, 2009).

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Pero centrémonos en los libros con los que comienza todo. Hay tres grandes novelas distópicas de las que probablemente todo el mundo haya oído hablar:

1) Un mundo feliz, de Aldous Huxley, publicada en 1932

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En el mundo feliz que plantea Huxley en su novela no hay pobreza ni guerras y todos sus habitantes viven felices… o casi todos. Para conseguir esta situación, la humanidad ha tenido que prescindir del arte, de los avances científicos y de la estructura familiar. Los seres humanos no se reproducen ya de forma natural, sino que hay una detallada planificación de “cultivo de nuevos seres” que genera, según las necesidades de la sociedad, individuos menos inteligentes (tipos gamma, deltas y epsilones) para hacer los trabajos menos agradecidos o los más duros e individuos más inteligentes (tipo alfa) para posiciones más privilegiadas.

A través del protagonista, que prefiere ser infeliz a tomar el soma (una droga antidepresiva que todo el mundo toma de forma sistemática, continuamente presente en el libro), y a través de un “salvaje” (alguien nacido fuera de la planificación), Huxley nos cuenta cómo es esta sociedad cuadriculada y deshumanizada.

La finalidad es básicamente la reflexión ética o filosófica y los cuestionamientos morales: si merece la pena hacer ciertos sacrificios o si esta felicidad impostada es realmente felicidad.

2) 1984, de George Orwell, publicada en 1949.

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El mundo de Orwell está dividido en tres extrañas superpotencias en constante guerra. En Oceanía gobierna el Partido Único, cuyos ideales están representados en el Gran Hermano que todo lo observa: las calles, los trabajos, las casas… e incluso el pensamiento. En todos los lugares hay pantallas que emiten mensajes como si de una secta se tratara y a través de las cuales se vigila a la sociedad.

El Gobierno se basa en una gran mentira. Por ejemplo, cuando en la guerra cambian de aliados y enemigos, reescriben toda la Historia para ocultar que sus alianzas fueron otras en el pasado, y la gente lo acata y, por miedo o fanatismo, actúan tal y como se espera de ellos.

Por supuesto, cualquier disidente, aunque sea de puro pensamiento, es liquidado.

Todas las mentiras oficiales se tejen en el Ministerio de la Verdad, la guerra se dirige desde el Ministerio de la Paz y a los disidentes se les tortura en el Ministerio del Amor. Como podéis ver, el cinismo del gobierno es enfermizo.

Para mí, es una de mis novelas favoritas y de las más emocionantes. Los elementos futuristas que maneja, ideados hace 70 años, puede que nos chirríen un poco, como es normal; pero la representación de este régimen totalitario es excelente, brutal. Además, el protagonista desea rebelarse, con el riesgo mortal que esto supone. Orwell consigue hacer sentir al lector la angustia continua de estar siempre vigilado, en donde incluso un pensamiento fugaz podría delatarte.

3) Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, publicada en 1953

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Bradbury plantea una sociedad futura donde prima el individualismo, en la que nadie se fija o valora los pequeños detalles, y donde los libros están demonizados y prohibidos. Hasta tal punto, que la misión del cuerpo de bomberos es hacer arder cualquier libro que sea detectado, y con él la casa que lo alberga, y si fuera necesario, con sus dueños dentro.

El protagonista de Fahrenheit 451 es precisamente un bombero que empieza a cuestionar su trabajo, preguntándose si de verdad son tan peligrosos los libros y por qué…

En esta novela se cuestiona de forma genial la cultura del entretenimiento superficial que arrancaba en aquellos años, en detrimento de opciones intelectualmente más enriquecedoras. La paradoja es que es la misma situación que podemos tener ahora mismo, 65 años después, en esta era de lo fugaz y efímero, del tweet y del vídeo de YouTube.

 

Como hemos visto, estas tres novelas que todo el mundo considera las precursoras del género distópico fueron publicadas en 1932, en 1949 y en 1953, respectivamente. Pero hubo una novela que ya abordaba el género 10 años antes que estas tres. Es decir, que inauguraba la novela distópica:

*) Nosotros, de Yevgueni Zamiatin, publicada en 1920

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Antes de exiliarse, el ingeniero soviético Zamiatin había sido encarcelado dos veces, primero por el régimen zarista y a continuación por el bolchevique. Así que su novela “Nosotros” vio la luz por primera vez en Reino Unido, donde se encontraba, y fue prohibida en la URSS (¡hasta 1988!) pues se entendía como una crítica al régimen.

En el mundo que se recrea en esta obra hay Estado Único dirigido por el Benefactor, un enigmático e idolatrado líder. El ser humano de esta sociedad tiene nombre alfanumérico (el protagonista se llama D-503) y ha abandonado toda intimidad e individualidad: las paredes son de cristal y prima el “nosotros” por encima del “yo”. De hecho, incluso las relaciones sexuales entre individuos están reguladas por un departamento específico.

Ahora bien, lo que llama más la atención de “Nosotros” es el gran número de paralelismos que tiene con la celebérrima “1984”, que recordemos que apareció treinta años después:

El Gran Hermano de Orwell se parece al Benefactor de Zamiatin, la telepantalla a las Tablas de la Ley, la policía del Pensamiento es similar a los Guardianes, y la habitación 101 se asemeja al auditórium 112 (en realidad, la celda en la que Zamiatin llegó a estar preso en aquellas dos ocasiones). ¡Cuántas casualidades!

Pero Orwell nunca ocultó esta “poderosa influencia”: el inglés reconoció haber leído “Nosotros” en su edición en francés y mencionó que lo iba a utilizar como modelo para su próxima novela.

Pese a este escenario tan similar, el gran mérito de Orwell en “1984” es que además supo crear una buena historia y consiguió moldearla con un estilo narrativo más inquietante e interesante para el lector, en contraposición al estilo de diario, algo frío, de la novela de Zamiatin.

Aun así, ¿por qué ha quedado “Nosotros” casi relegada al olvido a pesar de su importancia? ¿Por qué nunca se incluye en las referencias a la novela distópica? ¿Tiene que ver con su calidad o será por su origen soviético? ¡Quién sabe!

 

4 comentarios en “Disfrutando del peor de los futuros

  1. ¡Hola!
    Es cierto que siempre pensando en el futuro tendemos a verlo todo en positivo, que todo en nuestras vidas irá a mejor sin llegar a pensar que algo negativo puede pasarnos hasta que llega y pone el mundo patas arriba.
    He leído alguna novela distópica pero algunas que has mencionado no las conocía. Gracias por descubrirnos estas joyas 😊😉

  2. Son la esperanza, el optimismo soñador, las ganas, el deseo,…, el que nos mueve a pensar en un futuro mejor al presente que estamos viviendo. Pero, efectivamente, la posibilidad de que vaya a peor siempre estará ahí, tambaleándonos en la cuerda floja que es la vida. Basta con perder a un ser querido, el trabajo, una deuda difícil de saldar, un desastre natural o un atentado para que nuestro futuro se tambalee y se vea amenazado. Pero, sin duda, creo que es necesario pensar en positivo para fortalecer nuestra mente, tener ese paisaje esperanzador en nuestro pensamiento. Hay mucho sufrimiento, maldad y desequilibrios mentales como para estar contínuamente nadando entre ellos.

    Me gusta cómo has explicado y ejemplizado el género distópico. Me encanta poder decir que hoy he aprendido algo nuevo. ¡Gracias! 🙂

    1. Sí, supongo que se trata de algo así como un instinto de supervivencia, porque ¿qué clase de tortura psicológica sería vivir sabiendo a ciencia cierta que todo será cada vez peor? :S
      ¡Usemos estas novelas para ser conscientes de las derivas que podemos tomar como sociedad y prevenirlo a tiempo!
      Muchas gracias por pasarte, Susana, ¡me alegro de que te haya gustado! 🙂

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